lunes, 20 de junio de 2022

Déjate ganar


Jugaba con mi madre a las cartas el otro día y pensaba yo que ésta mujer, con 93 años, todavía me gana las más de las veces en cada partida. Siempre me ha ganado, por lo general porque se mezclan varias circunstancias. Ella es lista y le gustan las cartas. Yo no lo soy tanto y tampoco me gustan mucho las cartas, cosa que agradezco porque estoy seguro que perder me ha evitado aficionarme al vicio del juego, que nunca se sabe dónde te puede llevar. 

Hace tiempo que dejó de molestarme perder. En realidad, perder es lo normal, lo mayoritario, lo habitual,  porque en la mayoría de las circunstancias de la vida sólo gana uno, los demás, todos menos uno, perdemos. Pero perder no es malo, si lo que has hecho lo has intentado con honradez y con esfuerzo. A veces quedar segundo no es perder, o tercero, porque detrás de ti han quedado muchos. A veces quedar segundo es brillante, porque has mejorado mucho con respecto a tu anterior intento. Puede que los otros piensen que no has ganado nada, pero seguro que tú sabes, en tu interior, que para ti el camino ha supuesto una gran victoria. Ítaca, una vez más. 

A veces ganar no tiene mérito, cuando la pelea no es equilibrada, como tirar un penalti al pequeño portero de la foto delante de esa inmensa portería de fútbol que no alcanza a defender

Pues estaba el otro día jugando a las cartas con mi madre y, para mi sorpresa estaba ganando yo. Y además con cierta holgura y facilidad.  Sus 93 años pasan factura, claro, y ya no es tan ágil ni tan capaz de aprovechar todas las cartas, de elegir la mejor opción o de cambiar el juego a mitad de partida si es conveniente. 

Llegué a las últimas dos partidas con ventaja y si las ganaba, sería el vencedor. En la penúltima partida se repartieron las cartas y la suerte me volvió a elegir. En apenas 3 ó 4 manos tenía la jugada lista para ganar. Seguí robando cartas sin mostrar mi juego, como si nada, esperando que la suerte sonriera también a mamá. Ella seguía pensando, jugando, usando esa mente para intentar encontrar la carta que le faltaba para la última escalera de espadas. Y ganó ella la penúltima partida, y también ganó ella un ratito de pensar, de jugar con su hijo, de estar acompañada, después de pasar un ratito de felicidad. 

Luego vino la  última baza y se repitió la historia. La dejé jugar, sin mucha intención por mi parte de ganar a las cartas, pero a cambio, ganaba ver su sonrisa, su sensación de satisfacción y su mirada de emoción cuando ponía las cartas sobre la mesa y se sabía vencedora. 

Si quieres un consejo de uno que pierde hasta cuando puede ganar, déjate ganar en la vida por las personas que te quieren. Su victoria será la tuya y verles ganar te hará igual o más feliz que si ganases tú. 




domingo, 12 de junio de 2022

Fin de curso


Ya están los chicos de vacaciones. 

La mayor ha terminado la Ebau y con eso ha cerrado definitivamente la puerta de la época colegial y se asoma a la Universidad. Ha pasado semanas de nervios, migrañas, tensión y dolores de cabeza. Su dulzura incansable dejó paso por unos días a nervios y algo de mal humor. El resultado oficial de todos sus esfuerzos, lo sabremos la semana que viene. Pero el resultado que a mi me importa ya lo tengo. Esfuerzo, decisión, estudios, repaso, ganas de afrontar lo que venía lo mejor preparada posible y voluntad para lograr su objetivo. 

Puede que los nervios le hayan hecho pasar un mal rato. Puede que los resultados no sean los esperados porque durante el examen el calor fuera agobiante, aparecieran dudas sobre lo estudiado o incluso un poco de pánico escénico. Eso ya lo veremos. Para mi, tu nota es un 14, sin duda. Y más si me comparo con como preparé yo mi selectividad. Recuerdo perfectamente que decidí que era imposible repasar adecuadamente todo lo estudiado en un año en apenas 2 semanas, y que, por lo tanto, lo mejor era acudir al colegio con calma, escuchar atentamente lo que me dijeran los profesores y no agobiarme. El resultado, una considerable bajada de nota. No me impidió estudiar lo que yo quería, pero no fue un ejemplo a seguir, exactamente. 

Ya no habrá más uniformes para ella. Ya no volveré a lavar y tender su falda de tablas el fin del semana para que la tenga limpia el lunes. No más jersey rojo con el escudo del colegio guardado en su cajón. Se acabaron definitivamente y para siempre los momentos emocionantes en las fiestas de fin de curso, los regalos del día del padre con plastilina y los cuentos antes de dormir. Ahora tengo como hija a una universitaria, adulta, capaz y madura. 

El pequeño también ha acabado el curso, y lo ha terminado bien. Dicho así parece poca cosa comparada con la aventura de acceso a la Universidad de su hermana. pero para mí tiene el mismo mérito. Para él estudiar es complejo, porque no es fácil concentrarse y, sobre todo, comprender y aceptar la necesidad de estudiar cosas que le aburren, que no quiere entender. Es muy crítico con muchas cosas y enseguida valora para bien o para mal. "Be water my son" pienso, pero él no es agua. No. 

Todo eso le complica la labor del estudio, de concentración, de motivación. Y sin embargo, pese a todo, cumple con su tarea, con su deber, aprueba con notas y se deja un verano limpio, con casi tres meses por delante para no volver a pensar en esas cosas que tanto le aburren. 

El año que viene será diferente, seguro. Un poco más maduro, un poco más cerca de estudiar lo que elija y no lo que le impongan, un poco más cerca de ser más dueño de su destino. 

Todo en ellos dos es diferente: la edad, el género, las motivaciones, el comportamiento social. Y sin embargo, se necesitan y se quieren. "Queremos estar juntos, pase lo que pase". La piscina ya está abierta, los amigos esperando abajo cada tarde, en el muro. Barcelona y los primos también y Málaga, como siempre, nos brindará alguna que otra aventura. 

Se avecinan días de verano, días de calor, mañanas de playa y noches frescas de luna. Y todo eso con 15 y 17 años. ¿Quién se apunta?